lunes, 5 de marzo de 2012

Hoy, cuando tan solo faltan...


Hoy, cuando tan solo faltan cinco días para dar la bienvenida al nuevo año 1994, sé que algo dentro de mí ha cambiado, sé que dejo de ser la Olga de siempre y que me encamino por un sendero nuevo que se dibuja ante mí, invitándome a adentrarme en él y haciéndome partícipe tanto de sus tristes y solitarios despojos, como de sus vitales y erguidos árboles frutales.
Sé que me ofuscaré con el mohoso polvo del camino y, al tiempo, me liberaré y me entregaré a la pureza del cielo azul y estrellado. Sé que cada paso que de supondrá una emoción distinta y que me confundirán constantemente la alegría y la tristeza, la risa y el llanto. Sé que me regocijaré y sufriré y que seré feliz y desgraciada…
Pero así me lo imponen mis sentimientos, así me lo dice y repite la Olga de ahora y así siento que ha de pasar a partir de hoy.
Y detrás de todo esto, perdido entre la niebla del camino y empapado del aroma de sus bellas y misteriosas flores, estás tú, mirándome con tus ojos hechiceros, dulces y traidores, tiernos y amenazadores, inocentes y temerosos esbozados en tu rostro adormecido. Tu mirada profunda y penetrante hace temblar el sendero que se estremece acongojado y, trémulo, se regocija al tiempo con tu presencia y la desea con fuerza.
Mientras tanto, tu imagen, de una extraña atracción, se disipa entre la blanquecina niebla y se pierde en el infinito dejando lloroso el sendero sobre el cual se ha posado y marchitando sus lindas flores, sus esbeltos árboles, apagando su brillante esplendor, desbravando sus mágicos aromas.
Tal vez, de un momento a otro, aparezcas de nuevo y estremezcas de emoción a todo cuanto alcanza la pócima de tu pagana mirada. Entonces seré feliz y olvidaré la pena de sentirte tan lejos, tan distante… Entonces te sentiré cerca y me fundiré contigo, con esa imagen palpitante e insegura que brota del más allá y que, sin embargo, puedo acariciar, rozar, sentir como si permaneciera siempre a mi lado, junto a mí.
Sé que aunque te busque y te sienta en los senderos del sueño, del pensamiento, estás ahí, en la triste y cruel realidad, dónde jamás podrás ser mío como en el sueño, dónde jamás contemplaré, iluminados mis ojos por el fuego de los tuyos, la pureza de tu rostro, sereno y adormecido, dónde jamás llegarás a quererme como yo te quiero a ti.
Por eso te odio y te amo, te detesto y te deseo como jamás he deseado a nadie, porque me haces sufrir tanto que me destrozas las entrañas y porque despiertas en mí tanto amor y pasión que me consumes día a día, mostrándome todo lo que significas para mí y hasta qué punto han llegado mis desbordados sentimientos hacia ti.
Sí eres tú, no podrías ser otro…, no me guardes rencor por favor, si pudiera encauzar mis sentimientos por otros senderos lo haría, pero me has aprisionado, te has apoderado de mí y ahora no puedo desasirme; tal vez nunca pueda o tal vez algún día, eso sólo el tiempo lo decidirá.

Olga  
27 Diciembre 1993





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